A Leo le encantaba visitar a su abuelo en su granja de Iowa. La granja tenía grandes campos verdes y un granero rojo y alto.
Cada mañana, Leo salía a caminar para buscar animales. Le gustaba ver qué criaturas silvestres vivían en la tierra.
Un día soleado, Leo vio un ciervo marrón cerca de los árboles. El ciervo tenía grandes ojos marrones y suaves manchas blancas. Comía pasto verde y fresco en el tranquilo prado. Leo se quedó muy quieto para no asustar al manso ciervo.
Luego, un pequeño conejo marrón salió saltando de los altos arbustos. Movió su pequeña nariz rosada en el aire. El conejo se sentó cerca de un cardenal de color rojo brillante. El pájaro rojo cantó una dulce canción desde un poste de madera de la cerca.
"¡Miren a todos mis amigos animales!", susurró Leo con una gran sonrisa. Iowa estaba lleno de animales maravillosos.
Leo caminó de regreso al granero para contarle a su abuelo lo que vio. El abuelo sonrió y le dio a Leo un gran abrazo. "Iowa es un hogar especial para muchos animales", dijo el abuelo.
Luego, Leo ayudó a su abuelo a alimentar a los animales de la granja. Las gallinas hacían suaves cacareos en el patio. Los cerdos se revolcaban en el lodo fresco para no tener calor.
Leo pasó un día genial explorando la tierra. No podía esperar para ver qué animales encontraría mañana.



