En una cálida tarde de septiembre de 1960, el maratón olímpico de Roma llegó a un histórico final bajo el iluminado Arco de Constantino. Mientras el corredor líder se acercaba a la meta, los espectadores y jueces quedaron asombrados. El atleta, un delgado etíope llamado Abebe Bikila, corría completamente descalzo. No solo ganó la medalla de oro, sino que también estableció un nuevo récord mundial con un tiempo de 2 horas, 15 minutos y 16.2 segundos, convirtiéndose en la primera persona del África subsahariana en ganar una medalla de oro olímpica.
Nacido en la aldea de Jato, Etiopía, en 1932, Bikila pasó gran parte de su juventud como pastor antes de unirse a la Guardia Imperial etíope para mantener a su familia. Fue durante su servicio militar cuando Onni Niskanen, un entrenador sueco contratado por el gobierno etíope, notó su potencial atlético. Niskanen reconoció la inmensa resistencia cardiovascular y la disciplinada ética de trabajo de Bikila, formándolo para convertirlo en un maratonista de clase mundial.
La decisión de Bikila de correr descalzo en Roma no fue planeada con anticipación, sino que nació de la necesidad. Los tenis que le entregó el patrocinador del equipo no le quedaban cómodos y le causaron dolorosas ampollas durante los entrenamientos. Apenas unas horas antes de la carrera, Bikila y Niskanen tomaron la audaz decisión de descartar el calzado por completo. Bikila, que había entrenado descalzo en las escarpadas tierras altas de Etiopía, se sentía más natural sin zapatos.
A medida que el maratón avanzaba por las históricas calles de Roma, Bikila corrió junto al corredor favorito de Marruecos, Rhadi Ben Abdesselam. En una brillante jugada estratégica, Bikila esperó hasta el tramo final cerca del Arco de Constantino para acelerar con fuerza. Al cruzar la meta descalzo, Bikila hizo mucho más que ganar una carrera; rompió estereotipos, abrió el camino para futuras generaciones de destacados corredores de fondo africanos y consolidó su lugar como un legendario pionero en la historia del deporte.



