Durante el frío invierno de 1891, un maestro de educación física llamado Dr. James Naismith se enfrentó a un gran desafío. Trabajaba en la Escuela Internacional de Entrenamiento de la YMCA en Springfield, Massachusetts. Afuera, el clima helado y la intensa nieve mantenían a sus enérgicos estudiantes atrapados bajo techo. Los jóvenes se estaban aburriendo y volviendo inquietos, cansados de la gimnasia sencilla y de los ejercicios de marcha. Naismith necesitaba inventar un nuevo juego bajo techo que los mantuviera activos, requiriera habilidad y fuera seguro para jugar en un gimnasio reducido.
Después de pensar en varias ideas, Naismith decidió crear un juego que se enfocara en la habilidad en lugar del contacto físico. Le pidió al conserje de la escuela dos cajas de cartón para usarlas como metas, pero el conserje solo tenía dos viejas canastas de duraznos hechas de madera. Naismith las aceptó y clavó las canastas en las barandillas del balcón del gimnasio, que por casualidad estaban exactamente a diez pies de altura. Luego consiguió un balón de fútbol y escribió trece reglas básicas.
El 21 de diciembre de 1891, se jugó el primer partido de básquetbol de la historia. El juego era muy diferente del deporte que vemos hoy en día. Para empezar, los jugadores no tenían permitido rebotar el balón; solo podían pasarlo a sus compañeros de equipo. Cada vez que un jugador lograba meter el balón de fútbol en una canasta de duraznos, el juego tenía que detenerse. ¡Un conserje tenía que subir por una escalera alta de madera para recuperar el balón con la mano!
Con el tiempo, la gente se cansó de subir la escalera, así que cortaron pequeños agujeros en el fondo de las canastas de duraznos para empujar y sacar el balón con una vara larga. Años después, quitaron el fondo por completo, lo que permitió que el balón cayera directamente al suelo. Lo que comenzó como una simple distracción invernal con un balón de fútbol y dos canastas de fruta se convirtió rápidamente en uno de los deportes más populares de todo el mundo.



