Lucy era una mariquita pequeñita. Tenía un caparazón rojo brillante con seis manchas negras y redondas.
Lucy vivía en un lindo jardín verde. Cada mañana, se lavaba la cara con rocío.
Hoy, Lucy quería encontrar un nuevo lugar para jugar. Abrió sus alas y voló en el aire cálido.
Primero, aterrizó sobre un girasol amarillo y alto. Una abeja amarilla muy activa zumbaba sobre él.
—¡Buenos días! —dijo la abeja. Lucy movió sus patitas y se fue volando.
Luego, pasó una gran ráfaga de viento. El viento sacudió las hojas e hizo girar a Lucy.
Ella se sujetó fuerte de una ramita café. El viento se detuvo y el sol brilló de nuevo.
Lucy miró hacia abajo y vio una hermosa rosa roja. Debajo de la rosa había una hoja verde y ancha.
Se veía suave y segura. Lucy aterrizó en la hoja y le dio un mordisquito.
—Este es el mejor lugar —susurró Lucy. Se acurrucó para tomar una rica siesta por la tarde.



