Sam estaba muy feliz hoy. Recibió una nueva gatita como mascota.
La gatita era pequeña y suave. Su pelaje era tan blanco como la nieve.
Sam llamó a la gatita Luna. Luna tenía unos ojos verdes muy grandes.
A ella le gustaba perseguir su cola. Le gustaba correr muy rápido.
Sam tenía un cordón largo. Movió el cordón sobre el suelo.
Luna saltó muy alto en el aire. Intentó atrapar el cordón.
Sam se rió de la gatita tan divertida. Ellos jugaron durante mucho tiempo.
Más tarde, llegó la hora de almorzar. Sam fue a buscar un tazón pequeño.
Puso un poco de leche en el tazón. Llamó a Luna para que viniera a comer.
Luna no vino a la cocina. La casa estaba muy silenciosa.
Sam miró debajo del gran sofá marrón. No vio a la gatita allí.
Miró detrás de la cortina amarilla. Luna tampoco se estaba escondiendo allí.
Sam comenzó a sentirse un poco preocupado. Caminó hacia su propio dormitorio.
Miró dentro de su caja de juguetes. Vio sus carritos y sus bloques.
Pero no vio a ninguna gatita. Sam se sentó en su alfombra suave.
Luego escuchó un sonido muy bajito. Sonaba como un pequeño maullido.
El sonido venía del clóset. Sam abrió la puerta del clóset lentamente.
Vio un montón de calcetines abrigados. Los calcetines se movían un poquito.
Sam extendió su mano. Movió un calcetín azul hacia un lado.
Allí estaba Luna, hecha una bolita. Estaba profundamente dormida entre los calcetines.
Luna abrió sus grandes ojos verdes. Dio un bostezo largo y lento.
Sam la levantó suavemente. Estaba feliz de haber encontrado a su amiga.
"Es hora de comer", dijo Sam. Llevó a Luna a la cocina.
Luna se tomó toda su leche. Luego se sentó a limpiarse las patitas.
Sam se sentó en el suelo con ella. Acarició su suave pelaje blanco.
Luna comenzó a hacer un sonido fuerte. Ronrón, ronrón, ronrón, hacía la gatita.
Sam supo que Luna estaba contenta. Él también estaba muy feliz de tener una gatita.



