Los guardianes del castillo de arena
LLaura3.º gradoFicción5 min de lectura697 palabras


El sol brillaba alto en el cielo como un enorme limón radiante, iluminando toda la Bahía Azul. Leo y su hermano menor, Sam, saltaron del auto antes de que sus padres bajaran las ventanillas. El aire olía a sal y a protector solar, un aroma especial que siempre anunciaba una gran aventura.
—¡Espérennos! —gritó su mamá riendo, pero los dos niños ya corrían hacia la orilla. Sus pies levantaban nubes de arena tibia que se sentía suave como azúcar entre los dedos.
Leo, que tenía nueve años, llevaba una cubeta azul grande y una pala de plástico resistente. Sam, de siete años, cargaba una bolsa de malla llena de moldes coloridos y un pequeño rastrillo verde. Hoy tenían una misión muy importante. No solo iban a nadar en el agua; iban a construir la fortaleza de arena más impresionante de toda la bahía.
—Necesitamos el lugar perfecto —dijo Leo, entrecerrando los ojos para observar la playa—. No muy cerca del agua para que no se destruya, pero tampoco tan lejos donde la arena esté muy seca.
Sam señaló un espacio plano cerca de unas rocas grises y lisas.
—¡Allí! Está cerca de las pozas de marea y podemos buscar decoraciones.
Leo asintió con entusiasmo y comenzaron a trabajar de inmediato. Primero, quitaron las algas secas y las ramas. Luego, empezaron a excavar. Leo usó su pala para juntar una montaña de arena húmeda y pesada en el centro. Sam usó su rastrillo para emparejar el suelo alrededor, creando un círculo amplio para las murallas.
Mientras trabajaban, el sonido de las olas marcaba un ritmo constante. Las gaviotas volaban en círculos en el cielo, lanzando graznidos como si estuvieran animando a los niños.
—Yo haré las torres de vigilancia —anunció Sam. Llenó sus moldes cuadrados con arena mojada y la aplastó con fuerza usando las palmas de sus manos. Con mucho cuidado, los volteó en las esquinas de la fortaleza. Al levantar los moldes, cuatro torres perfectas quedaron en pie.
—¡Gran trabajo, Sam! —dijo Leo muy orgulloso. Leo estaba ocupado tallando un foso profundo alrededor de toda la estructura para protegerla del agua.
Después de una hora de esfuerzo, la forma básica estaba lista. Ahora venía la mejor parte: los detalles. Los hermanos fueron hacia las pozas de marea en busca de tesoros. Encontraron caracoles blancos brillantes, pedazos suaves de vidrio marino que parecían esmeraldas y algunas plumas que habían dejado las gaviotas.
Mientras buscaban, Sam notó algo que se movía.
—¡Mira, Leo! ¡Un cangrejo diminuto!
Un pequeño cangrejo de color arena corrió sobre las rocas húmedas y se escondió en una grieta. Los niños lo observaron fascinados por su gran velocidad.
—Vamos a llamarlo el Capitán —susurró Leo—. Él será el protector de nuestra fortaleza.
Regresaron a su castillo y comenzaron a decorar. Colocaron los caracoles alrededor del foso y el vidrio marino en la parte superior de los muros. Sam clavó una pluma larga y firme en la torre más alta para que sirviera como bandera.
Justo cuando terminaban, la marea comenzó a subir. Las olas enviaban capas de espuma blanca que se acercaban a su obra maestra. De pronto, una ola avanzó y llenó la mitad del foso.
—¡Viene el agua! —gritó Sam con los ojos muy abiertos.
—No te preocupes —respondió Leo con calma—. Necesitamos construir un muro de contención. ¡Rápido, junta más arena frente al mar!
Los dos hermanos trabajaron más rápido que nunca. Con risas y gritos de ánimo, levantaron una barrera gruesa de arena entre la fortaleza y las olas. Otra ola más fuerte chocó contra el muro, salpicando agua, pero el castillo resistió firme. Los niños chocaron las palmas de las manos, llenos de alegría y orgullo.
Poco después, su papá se acercó con las toallas.
—Es hora de volver a casa, niños. El sol se está ocultando.
Leo y Sam miraron su fortaleza una última vez. Sabían que para la mañana siguiente el océano probablemente se la habría llevado, convirtiéndola de nuevo en arena plana. Sin embargo, no les importó.
—La próxima vez haremos una todavía más grande —dijo Sam sonriendo.
—Claro que sí —respondió Leo, abrazando a su hermano por los hombros mientras caminaban felices hacia el auto.
- fortaleza:
- Construcción resistente y protegida diseñada para defenderse de peligros.
- foso:
- Zanja profunda que se excava alrededor de un castillo para protegerlo.
- marea:
- Movimiento periódico de subida y bajada del nivel del agua del mar.
- pozas de marea:
- Pequeños charcos de agua de mar que quedan atrapados entre las rocas de la playa.
- vidrio marino:
- Pedazos de cristal pulidos y suavizados por la arena y el oleaje del mar.
También te puede gustar
Sobre esta lectura de ficción para 3.º grado
«Los guardianes del castillo de arena» es una lectura de ficción sobre Hermandad y aventura, escrita para 3.º grado. Se lee en unos 5 minutos (697 palabras) e incluye un cuestionario interactivo y una hoja de trabajo imprimible con preguntas de comprensión y su solucionario.


