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Una Mañana de Mal Humor
Lily se despertó con el pie izquierdo. Tenía el pelo hecho un desastre, su tostada se quemó y su hermano menor, Tom, cantaba su canción favorita (y más molesta) a todo pulmón. Lily sintió que un ceño fruncido aparecía en su rostro, un gesto tan marcado que parecía capaz de asustar a los pájaros.
Bajó las escaleras pisando fuerte y refunfuñando un "Buenos días" que sonaba más bien como un gruñido. Su mamá, que solía ser muy alegre, suspiró y dijo: "Vaya, parece que hoy alguien no se ha levantado con buen ánimo". El mal humor de Lily parecía flotar en el aire como una nube de humo gris, haciendo que la sonrisa de su madre desapareciera por completo.
Al llegar a la escuela, Lily se chocó con su amigo Ben en el pasillo. "¡Ten cuidado!", le espetó ella, aunque en realidad había sido su propia culpa. Ben, que siempre estaba lleno de chistes, simplemente se encogió de hombros y se alejó con la mirada baja. El mal humor de Lily se estaba extendiendo, afectando a todos los que encontraba, casi como si fuera un resfriado invisible.
Incluso la Sra. Davis, su maestra siempre sonriente, parecía un poco menos animada. Cuando Lily hizo una pregunta, la Sra. Davis respondió con un suspiro, perdiendo ese brillo habitual en sus ojos. Lily se dio cuenta con asombro de que ella era la razón del desánimo general. ¡Su mal humor era contagioso!
En ese momento, Maya, una niña con una risa que podía iluminar cualquier habitación, se acercó saltando. "¡Hola, Lily! ¡Mira lo que encontré!". Sostenía una piedra brillante y llena de colores. Lily no pudo evitar sonreír al verla. La alegría de Maya era como un rayo de sol brillante que derretía su amargura. Lily olvidó por completo su mala mañana mientras Maya le contaba la historia de cómo encontró la piedra de camino a la escuela.
Mientras Lily sonreía y escuchaba, notó que la Sra. Davis volvía a reír con otro estudiante y que Ben estaba contando un chiste a un grupo de amigos. La nube de mal humor se había disipado. Lily comprendió que, así como el mal humor puede extenderse, también puede hacerlo la felicidad. ¡Y estaba decidida a repartir alegría a partir de ahora!
- Refunfuñar: Emitir sonidos o palabras entre dientes en señal de enfado o desagrado.
- Contagioso: Que se transmite con facilidad de una persona a otra, como una enfermedad o una emoción.
- Espetar: Decir una cosa a alguien de forma brusca o inesperada.
- Disipar: Hacer que algo se desvanezca, se disperse o desaparezca, como una nube o un mal pensamiento.
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Gracias por leer "Una Mañana de Mal Humor". Esta lectura de Ficción para Primaria alta es un excelente recurso para mejorar las habilidades de comprensión lectora.
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