Mia miró por la ventana.
Gotas grises de lluvia caían del cielo.
Ella quería jugar afuera.
Su perro, Toby, soltó un triste gemido.
—Tenemos que esperar, Toby —dijo Mia.
Ella se sentó en la alfombra suave.
Pronto, el sol amarillo comenzó a brillar.
La lluvia todavía no se detenía.
Mia miró hacia el cielo.
Vio un brillante destello de color.
—¡Mira, Toby! —exclamó Mia.
Un arcoíris gigante se curvaba en el cielo.
Tenía rojo brillante y naranja cálido.
Tenía amarillo, verde, azul y morado.
Mia corrió hacia la puerta trasera.
Se puso sus botas rojas.
Toby corrió hacia el pasto mojado.
El pasto se sentía frío y limpio.
Corrieron hacia el gran arcoíris.
Parecía un puente de colores en el cielo.
Mia se sentía muy feliz.
Le encantaban los colores brillantes.
—La lluvia hizo una pintura —se rió Mia.
Toby ladró y persiguió una hoja mojada.
El sol se puso muy brillante.
Lentamente, los hermosos colores comenzaron a desvanecerse.
Pero Mia no estaba nada triste.
Sabía que el arcoíris regresaría otro día.


