Pip era un pequeño conejito de color café. Se sentó junto a su ventana y miró la lluvia caer.
Plip, plop, hacían las gotas húmedas. Pip quería salir a jugar en el pasto verde.
Pronto, la lluvia gris dejó de caer. El sol brillante y amarillo salió de entre las nubes.
Pip salió corriendo de su acogedora casa. El pasto estaba mojado, pero el aire se sentía muy tibio.
Pip miró hacia el cielo azul. Jadeó de emoción y señaló con su patita.
Un arco gigante de colores estaba pintado en el cielo. Era un hermoso y brillante arcoíris.
Vio rojo, naranja y amarillo. También vio verde, azul y morado.
—¡Mira, mamá! —llamó Pip. Su mamá se acercó saltando y sonrió.
—El sol brilla a través del aire húmedo —dijo mamá—. Así es como se forma un arcoíris.
Pip y su mamá se sentaron juntos en el pasto. Miraron cómo brillaban los colores en el cielo.
—Es como un gran abrazo del cielo —dijo Pip. Su mamá abrazó a Pip, y juntos vieron el arcoíris desvanecerse.


