Imagina una criatura del tamaño de un pavo grande, cubierta de plumas suaves y con una garra afilada y curva en cada pata. No se trata de un ave de un cuento de hadas; es el Velociraptor, uno de los dinosaurios más famosos que han pisado la Tierra. Aunque muchas personas reconocen su nombre por películas populares, los Velociraptor reales eran muy diferentes de sus versiones de Hollywood.
Los Velociraptor vivieron hace unos 75 a 71 millones de años, durante el período Cretácico tardío. Eran mucho más pequeños de lo que la mayoría de la gente cree: medían solo unos dos pies (60 cm) de alto y pesaban alrededor de 30 libras (14 kg). Sin embargo, lo que les faltaba de tamaño lo compensaban con agilidad y armas especializadas. Su rasgo más famoso era una garra en forma de hoz en el segundo dedo de cada pata. Los científicos creen que usaban estas garras afiladas para sujetar e inmovilizar a sus presas mientras cazaban.
Uno de los mayores descubrimientos de los últimos años es que los Velociraptor tenían plumas. Los fósiles encontrados en Mongolia muestran nódulos de inserción en los huesos de sus brazos, que son los mismos puntos donde las aves modernas tienen unidas las plumas. Aunque tenían plumas, no podían volar. En cambio, estas plumas probablemente les ayudaban a regular su temperatura corporal o a mantener el equilibrio mientras corrían a gran velocidad. Estas características sugieren que los dinosaurios y las aves modernas están estrechamente relacionados.
Estos dinosaurios también eran muy inteligentes en comparación con otros de su época. Tenían cerebros grandes para el tamaño de su cuerpo y una visión excelente, lo que les ayudaba a cazar en un entorno seco y arenoso. Esta zona es ahora parte del desierto de Gobi, en Asia Central. Un famoso descubrimiento fósil muestra incluso a un Velociraptor y a un Protoceratops herbívoro trabados en combate, congelados en el tiempo por una repentina tormenta de arena. Este raro hallazgo demuestra cómo interactuaban estos depredadores con otros animales en su mundo prehistórico.
Hoy en día, seguimos aprendiendo más sobre estos fascinantes «ladrones veloces». Al estudiar sus huesos y las pistas que dejaron en la Tierra, los paleontólogos nos ayudan a pintar una imagen más precisa de un depredador emplumado que era tan letal como único.



