Hace millones de años, la Tierra fue el hogar de algunas de las criaturas más famosas que hayan existido: los dinosaurios. Entre estos gigantes se encontraba el estegosaurio, un dinosaurio conocido por las grandes placas en su lomo y las afiladas púas en su cola. Aunque solemos imaginar a estos dinosaurios como bestias gigantescas, todo gigante tuvo que empezar siendo pequeño. Un bebé estegosaurio era una criatura diminuta y vulnerable en un mundo lleno de enormes depredadores.
Cuando un bebé estegosaurio salía del cascarón, era sorprendentemente pequeño. Los científicos calculan que un recién nacido tenía aproximadamente el tamaño de un gato doméstico actual. ¡Cuesta creerlo si consideramos que un adulto completamente desarrollado podía llegar a medir treinta pies de largo y pesar tanto como un elefante! Estas crías nacían de huevos puestos en nidos sobre el suelo. Los paleontólogos creen que las madres dinosaurio pudieron haberse quedado cerca para proteger a sus crías del peligro, aunque es probable que los pequeños tuvieran que buscar su propio alimento poco después de nacer.
Uno de los mayores misterios sobre los bebés estegosaurio se relaciona con su famosa armadura. Mientras que los adultos tenían dos filas de altas placas óseas que sobresalían de sus espaldas, los bebés nacían con protuberancias muy pequeñas y planas. A medida que el dinosaurio crecía, estas protuberancias se transformaban lentamente en las placas con forma de rombo que conocemos hoy. Estas placas no eran solo de adorno; es posible que le ayudaran a regular su temperatura corporal o hicieran que el animal pareciera más grande para ahuyentar a los carnívoros hambrientos.
La cola de la cría también era diferente a la de un adulto. Las cuatro púas afiladas al final de la cola, a veces llamadas "thagomizer", eran mucho más pequeñas y blandas al nacer. A medida que el joven maduraba, estas púas se convertían en armas duras y letales. La vida era peligrosa en el período jurásico, por lo que crecer rápido era fundamental. Al comer abundantes helechos tiernos y musgos, un bebé estegosaurio podía ganar cientos de libras al año hasta convertirse finalmente en un gigante acorazado del bosque prehistórico.



