El Tyrannosaurus rex, a menudo llamado el "Rey de los dinosaurios", vivió hace unos 66 millones de años. Aunque hoy no podemos ver a un T. rex vivo, los paleontólogos han aprendido muchísimo sobre este depredador al estudiar su esqueleto. Estos enormes huesos actúan como un rompecabezas prehistórico que ofrece pistas sobre cómo se movía, comía y vivía este dinosaurio.
Encontrar un esqueleto completo de T. rex es extremadamente raro. La mayoría de las veces, los científicos solo encuentran unos pocos dientes o un solo hueso de la pata. Sin embargo, algunos descubrimientos famosos lo han cambiado todo. Uno de los esqueletos más completos jamás encontrados se llama "Sue". Descubierto en Dakota del Sur en 1990, Sue está completo en un 90 por ciento. Al observar la estructura de 40 pies de largo de Sue, los científicos pueden ver que el T. rex tenía una cola pesada para ayudar a equilibrar su enorme cabeza.
El cráneo de un T. rex es una de las partes más interesantes de su esqueleto. Medía casi cinco pies de largo y estaba lleno de más de 50 dientes gruesos y dentados. ¡Algunos de estos dientes eran tan grandes como plátanos! Al estudiar la forma de la mandíbula y la fuerza del hueso, los expertos creen que el T. rex tenía una de las mordidas más fuertes de cualquier animal terrestre que haya existido. Esta fuerza le permitía triturar los huesos de sus presas con facilidad.
Los esqueletos también nos muestran cómo se movía el T. rex. Sus poderosas patas traseras sugieren que era un caminante formidable, aunque los científicos todavía debaten qué tan rápido podía correr en realidad. Curiosamente, sus diminutos brazos de dos dedos parecen casi pequeños en comparación con el resto de su cuerpo masivo. A pesar de que eran cortos, los huesos demuestran que los brazos eran muy musculosos y fuertes, posiblemente utilizados para ayudar al dinosaurio a levantarse del suelo después de una siesta.
Cada vez que se extrae un nuevo hueso de T. rex de la tierra, aprendemos un poco más sobre este antiguo gigante. Desde la punta de sus afilados dientes hasta el final de su pesada cola, el esqueleto es una ventana hacia un mundo que desapareció hace millones de años.



