Hace miles de años, una civilización asombrosa floreció a orillas del mar Mediterráneo. Esta fue la Antigua Grecia. A diferencia de los países de hoy, la Antigua Grecia no estaba gobernada por un solo rey o gobierno. En cambio, estaba formada por muchas "ciudades-estado" independientes. Cada ciudad-estado, o polis, tenía sus propias leyes, gobierno y forma de vida, aunque todas compartían el mismo idioma y la misma religión.
Las dos ciudades-estado más poderosas y famosas eran Atenas y Esparta. Tenían ideas muy diferentes sobre lo que era importante. Atenas era un centro de aprendizaje, arte y filosofía. Los atenienses valoraban el pensamiento profundo y la arquitectura hermosa. De hecho, Atenas es famosa por crear la primera democracia del mundo, un sistema donde los ciudadanos podían votar sus propias leyes.
Al otro lado de Grecia, a Esparta lo que más le importaba era la fuerza física y el poder militar. Desde pequeños, los niños y las niñas espartanos eran entrenados para ser fuertes y disciplinados. Los soldados espartanos eran legendarios por su valentía en la batalla. Mientras que Atenas construía grandes templos y escribía obras de teatro, Esparta se concentraba en formar el ejército más fuerte del mundo.
A pesar de sus diferencias, las ciudades-estado griegas se unían para grandes eventos como los Juegos Olímpicos. Cada cuatro años, atletas de toda Grecia viajaban a la ciudad de Olimpia para competir en honor al dios Zeus. Durante los juegos, todas las guerras se pausaban para que los atletas pudieran viajar con seguridad.
Hoy en día, todavía sentimos la influencia de la Antigua Grecia. La vemos en nuestros gobiernos democráticos, en nuestros eventos deportivos e incluso en las columnas que sostienen nuestras bibliotecas y edificios de gobierno. Los antiguos griegos vivieron hace mucho tiempo, pero sus ideas continúan dando forma a nuestro mundo.



