Barnaby era un perrito muy pequeño. Tenía un suave pelaje marrón y una nariz negra y chiquita.
Sus orejas eran largas y se bamboleaban cuando caminaba. Le gustaba mover su cola corta.
Hoy era un día muy especial para el perrito. Iba a ir al parque por primera vez.
Saltó al auto con un ladrido fuerte. Estaba listo para una gran aventura.
El auto avanzó por la calle y se detuvo. Barnaby vio el gran parque a través de la ventana.
Vio árboles altos y mucho pasto verde. Se sintió muy feliz y emocionado.
Cuando se bajó, Barnaby corrió hacia el pasto. Le gustó el olor de las flores.
El viento se sentía fresco en su carita peluda. Vio una gran pelota roja en el suelo.
Empujó la pelota con su nariz. La pelota rodó rápido por la pequeña colina.
Barnaby corrió tras la pelota roja. Ladró y saltó de alegría.
Luego, vio a otro perro cerca del agua. El otro perro era grande y blanco.
Los perros movieron la cola al verse. Se hicieron muy buenos amigos rápidamente.
Corrieron juntos por el pasto suave. Jugaron a las atrapadas cerca de los árboles.
Barnaby encontró un palito para llevar. Se sintió como un perro muy valiente.
El sol comenzó a ocultarse en el cielo. Era hora de que Barnaby regresara a casa.
Su dueño lo alzó y le dio un abrazo. Barnaby le dio una gran lamida a su dueño.
Ahora era un perrito muy cansado. Se quedó dormido en el auto de camino a casa.
Barnaby soñó con su divertido día en el parque. Quería jugar de nuevo con su nuevo amigo.



