Barnaby era un perro muy genial. Vivía en una casa azul con un gran patio verde.
Barnaby tenía unas gafas de sol negras y brillantes. Se las ponía todos los días cuando salía el sol.
Cuando Barnaby caminaba por la calle, todos lo miraban. No les ladraba a los gatos del vecindario.
En vez de eso, solo los saludaba con la cabeza de forma lenta y amistosa. Le gustaba ser amable con todos.
Barnaby sabía andar en una pequeña patineta de madera. También podía equilibrar un premio crujiente sobre su nariz.
Era el único perro del pueblo que podía hacer eso. Todos pensaban que Barnaby era muy especial.
Un sábado soleado, hubo un concurso de perros en el parque. Barnaby se puso su pañuelo rojo brillante favorito.
Tomó su patineta y sus geniales gafas negras. Estaba listo para mostrarle a todos sus mejores trucos.
Muchos perros diferentes estaban en el parque esa mañana. Algunos perros eran muy rápidos y podían saltar alto.
Otros perros podían atrapar una pelota amarilla en el aire. Algunos perros podían sentarse y quedarse muy quietos durante mucho tiempo.
Luego fue el turno de Barnaby de pasar al frente. Se puso las gafas de sol en la cara y esperó.
El público comenzó a animarlo y a aplaudirle. Les gustaba su estilo y su cara feliz.
Barnaby se subió a su patineta de un gran salto. Avanzó velozmente por el pasto verde.
Sus largas orejas volaban al viento detrás de él. Parecía que se estaba divirtiendo mucho.
Al final del pasto, dio una pequeña voltereta. La multitud se emocionó mucho y gritó su nombre.
Luego se paró en dos patas y saludó con una pata. Se veía muy genial con su pañuelo rojo y sus gafas.
Los jueces hablaron durante unos minutos. Dijeron que era el perro más genial que habían visto.
Le dieron un gran listón dorado y un juguete nuevo. Barnaby movió la cola y les dio lengüetazos a los jueces.
Barnaby caminó todo el camino a casa con su listón dorado. Era el perro más genial de todo el vecindario.



