El verano a menudo nos hace pensar en días soleados, piscinas y el sabor refrescante de una rebanada fría de sandía. Aunque muchas personas disfrutan de este jugoso bocadillo en días de campo y parrilladas, esta fruta encierra mucho más que solo su dulce sabor. Las sandías son plantas fascinantes con una larga historia y datos científicos muy sorprendentes.
Aunque no lo creas, las sandías no siempre tuvieron el aspecto ni el sabor que tienen hoy en día. Al principio, provenían de las regiones secas del sur de África. Hace miles de años, las primeras sandías silvestres eran pequeñas, duras y bastante amargas. Los antiguos egipcios comenzaron a cultivarlas hace más de 4,000 años y las valoraban mucho por su capacidad para almacenar agua durante la temporada seca y calurosa. A lo largo de los siglos, los agricultores seleccionaron con cuidado las semillas de las plantas más dulces, creando con el tiempo la fruta grande y azucarada que conocemos en la actualidad.
Las sandías pertenecen a una familia de plantas llamada Cucurbitáceas, que también incluye a los pepinos, las calabazas y los calabacines. Crecen en largas enredaderas que se extienden por el suelo. Debido a que nacen de semillas y son cosechadas para servir de alimento, la mayoría de la gente las considera frutas. Sin embargo, como se cultivan en huertos junto con otros vegetales, ¡algunas personas también las clasifican como verduras! Una de las cosas más asombrosas de la sandía es que contiene aproximadamente un 92 por ciento de agua. Este alto contenido de agua es la razón por la que pesan tanto y por la que son una forma fantástica de mantenerse hidratado en un día caluroso.
Además de estar compuestas casi en su totalidad por agua, las sandías están llenas de nutrientes saludables. Son una excelente fuente de vitaminas A y C, las cuales ayudan a que tu cuerpo se mantenga fuerte y se recupere de las heridas. También contienen licopeno, un potente antioxidante que le da a la fruta su brillante color rojo. Aunque la clásica sandía de pulpa roja es la más común, en realidad existen más de 1,200 variedades diferentes cultivadas en todo el mundo. Entre ellas hay sandías con pulpa amarilla o anaranjada, e incluso algunas que crecen sin ninguna semilla.



