El sol brilla sobre la casa de los monos. Max se despierta y estira sus brazos.
Ve el cielo azul arriba. Ve las hojas verdes en los árboles.
—¡Ven a jugar, Max! —llama Pip. Pip es un mono muy rápido.
Max salta de su cama de paja. Cae al suelo con un golpe suave.
Los dos amigos corren hacia las rocas grandes. Les gusta jugar a las escondidas.
Max se esconde debajo de una gran roca gris. Se queda muy quieto y en silencio.
Pip busca arriba y Pip busca abajo. No puede encontrar a Max por ningún lado.
Entonces Max suelta una pequeña risita. Pip lo escucha y encuentra el lugar.
—¡Te encontré! —dice Pip muy contento. Los dos se ríen y saltan de alegría.
Ahora quieren trepar la gran pared. La pared tiene muchos bordes para agarrarse.
Max es muy bueno para trepar. Usa sus manos y sus pies.
También usa su larga cola para ayudarse. Max llega a la cima y mira a su alrededor.
Puede ver a las altas jirafas cerca de allí. También puede ver a los grandes elefantes grises.
—¡Mira a las personas! —señala Max. Los niños saludan a los simpáticos monos.
Max devuelve el saludo con una mano. Los niños se ríen y le aplauden.
De repente, escuchan una campana fuerte. Esa campana significa que es hora de almorzar.
Max y Pip corren hacia el área de comida. Ven a Leo, el cuidador del zoológico, caminando rápido.
Leo lleva una bolsa de fruta fresca. Tiene manzanas, uvas y plátanos.
Leo pone la fruta sobre las rocas planas. Los monos se reúnen alrededor de la comida.
Max elige un gran plátano amarillo. Es su comida favorita.
Se sienta en una rama para comer su almuerzo. Comparte algunas uvas con su mamá.
La fruta es dulce y fresca. Hace que Max se sienta muy fuerte.
Después del almuerzo, el sol calienta mucho. Todos los monos quieren tomar una siesta.
Max encuentra un lugar con sombra debajo de una hoja. La hoja es tan grande como un paraguas.
Se acurruca como una pequeña pelota. El viento sopla suavemente entre los árboles.
Max se siente seguro en su hogar del zoológico. Se queda dormido con un corazón feliz.



