Un día soleado, Leo fue al gran zoológico. Fue con su amable mamá.
Caminaron por el largo sendero. Leo miró a todos los animales.
Primero vieron a las altas jirafas. Las jirafas tenían cuellos muy largos.
Luego vieron a los monos traviesos. Los monos saltaban y jugaban.
Leo quería ver una sola cosa. Quería ver a un gran león.
"¿Está el león por allá?", le preguntó Leo a su mamá.
Caminaron hacia una gran roca. Un león enorme estaba sentado encima de la roca.
El león tenía pelo largo en el cuello. Su pelaje era de un dorado brillante.
El león miró al sol brillante. Abrió su gran boca de par en par.
"¡Rugido!", dijo el rey del zoológico. El sonido fue muy fuerte.
Leo sintió que el suelo temblaba. No salió corriendo para nada.
Leo era un niño muy valiente. Saludó al gran león con la mano.
El león miró a Leo y parpadeó. Luego, el león se fue a dormir.
"Este fue el mejor día de todos", dijo Leo. Estaba muy feliz.



