Junie era una pequeña medusa. Vivía en el océano azul y profundo.
Su cuerpo era suave y transparente. Parecía una campanita azul flotando en el agua.
Junie no tenía ningún hueso. No tenía corazón ni cerebro.
Solo se movía con las olas. El agua la empujaba todos los días.
Junie tenía brazos largos y delgados. Se llamaban tentáculos.
Los usaba para atrapar pedacitos de comida. Colgaban hacia abajo como listones.
Un día, el sol brilló con mucha fuerza. La luz hizo que el agua pareciera de oro.
Junie nadó hacia la superficie. Le gustaba sentir el agua tibia.
Una gran tortuga marina pasó nadando junto a ella. La tortuga era muy rápida.
"¡Hola!", quiso decir Junie. Pero las medusas no hablan.
Ella solo agitó sus largos brazos. La tortuga siguió su camino.
Más tarde, el cielo se oscureció. Era hora de que saliera la luna.
Junie comenzó a brillar. Se volvió de un color rosa brillante en el mar oscuro.
Parecía un foquito de luz pequeñito. Otros peces vieron su brillo.
Un pequeño cangrejo la observó desde la arena. Pensó que se veía muy hermosa.
Junie estaba feliz de ser una medusa. Le encantaba flotar a la deriva en el mar.
Regresó a las aguas profundas. Era hora de un largo descanso.
El océano estaba tranquilo y en calma. Junie se quedó profundamente dormida entre las olas.
Soñó con el agua azul. Era una campanita feliz en el mar.



