Sammy el tiburón vivía en el mar azul.
Era un tiburón muy feliz.
Un día, Sammy encontró algo en la arena.
Era un par de lentes de sol de color amarillo brillante.
Sammy se puso los lentes en la nariz.
Se miró en una concha brillante.
—¡Me veo tan genial! —dijo Sammy con una gran sonrisa.
Nadó hacia el arrecife de coral para mostrárselos a sus amigos.
Los pececitos vieron venir a Sammy.
Vieron sus lentes oscuros y sus dientes grandes.
—¡Oh, no! ¡Un tiburón genial! —dijo Pip la perca.
Todos los peces se escondieron detrás de una gran roca verde.
Sammy se sintió un poco triste.
Quería jugar a las atrapadas con sus amigos.
—¿Por qué se están escondiendo? —les preguntó Sammy.
Su voz era suave y amable.
Pip se asomó desde la gran roca.
—No podíamos ver tus ojos amables —dijo Pip.
Sammy se quitó los lentes de sol amarillos.
Hizo un pequeño y amistoso saludo con la aleta.
—Me gustan mis lentes, pero quiero más a mis amigos —dijo Sammy.
Los peces salieron a jugar bajo el sol.
Todos nadaron en círculos en el agua tibia.
Fue un día muy bueno para un tiburón.



