Cada año, el 31 de octubre, millones de niños se ponen disfraces coloridos y caminan por sus vecindarios. Tocan puertas, gritan "¡Dulce o truco!" y llenan sus bolsas con deliciosos caramelos. Aunque pedir dulces parece una costumbre moderna, sus raíces se remontan cientos de años atrás a antiguas costumbres europeas.
Un antepasado temprano de esta costumbre proviene de una práctica llamada "souling". Durante la Edad Media en Europa, los ciudadanos pobres visitaban las casas de familias adineradas en las festividades de otoño. Ofrecían rezar por las almas de los familiares fallecidos a cambio de pequeños panes dulces llamados "pasteles de alma". Otra costumbre similar se llamaba "guising". En Escocia e Irlanda, los jóvenes se disfrazaban e iban de puerta en puerta. En lugar de limitarse a pedir comida, tenían que realizar una pequeña gracia o acto, como cantar una canción, contar un chiste o recitar un poema antes de recibir un regalo.
En el siglo XIX, millones de inmigrantes irlandeses y escoceses llegaron a América del Norte y trajeron consigo estas tradiciones. Al principio, Halloween en los Estados Unidos implicaba muchas travesuras y bromas pesadas. Los niños a menudo hacían bromas, lo que dio origen a la parte del "truco" o travesura. Sin embargo, durante la década de 1930, estas bromas a veces causaban demasiados problemas. Para hacer que la fiesta fuera más segura y organizada, las comunidades comenzaron a invitar a los niños a ir de casa en casa para recolectar dulces en lugar de hacer bromas.
Para la década de 1950, pedir dulces ya era una tradición nacional muy popular. Las empresas de golosinas notaron rápidamente la tendencia y comenzaron a fabricar pequeños dulces envueltos de manera individual, diseñados específicamente para Halloween. Hoy en día, pedir dulces sigue siendo uno de los momentos más esperados del otoño. Une a los vecinos y permite que los niños se disfracen de personajes creativos mientras forman parte de una tradición de siglos de antigüedad.



