La princesa Amara vivía en el Reino de Prismia, una tierra que alguna vez fue famosa por sus colores vibrantes. Sin embargo, durante tres largos años, una densa niebla plateada cubrió el valle, convirtiendo los bosques de esmeralda en gris carbón y los lagos de zafiro en una pizarra apagada. El legendario Gran Arcoíris, que solía arquearse sobre el castillo cada tarde, había desaparecido por completo.
Amara ya no podía soportar tanta oscuridad. Llevando solo una pequeña linterna y la vieja brújula de latón de su padre, decidió escalar el Pico del Resplandor. Los ancianos susurraban que el origen del arcoíris era un cristal oculto en la cima, pero la mayoría de las personas temía demasiado a la niebla como para intentar subir. Mientras caminaba, el aire se volvió frío y el silencio era pesado. Tuvo que usar toda su fuerza para navegar el camino rocoso, pero se negó a regresar.
Cerca de la cumbre, Amara descubrió un pequeño templo circular hecho de cuarzo transparente. Adentro, sobre un pedestal de mármol, había una piedra polvorienta y dentada. Parecía común y corriente hasta que Amara usó el dobladillo de su capa real para limpiar la suciedad. De repente, una diminuta chispa violeta brilló en lo profundo de la piedra. Era un prisma durmiente que necesitaba un rayo directo de luz para despertar y compartir su belleza con el mundo.
Amara miró las densas nubes que tapaban el sol. Se dio cuenta de que no podía esperar a que el clima cambiara. Tomó su brújula de latón pulido y la orientó hacia una pequeña grieta en el techo del templo por donde se asomaba un débil rayo de luz. Con mano firme, atrapó el rayo y lo reflejó directo al corazón del prisma.
El efecto fue instantáneo. Una brillante explosión de rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta brotó del templo. Los colores atravesaron la niebla plateada como un cuchillo caliente corta la mantequilla. Abajo, los habitantes de Prismia miraron hacia arriba con asombro al ver regresar el Gran Arcoíris, más luminoso que nunca. Amara sonrió, sabiendo que a veces, todo lo que se necesita para encontrar la luz es un poco de reflexión.



