El Sol brilla con fuerza en el cielo. La Lluvia cae suave sobre la hierba verde.
Un día, el Sol le habló a la Lluvia. —Yo soy el que más ayuda a las plantas —dijo el Sol.
—Mi cálida luz solar les da luz para preparar su alimento. Sin mis rayos, las plantas no pueden tener hojas ni flores.
La Lluvia golpeó suavemente la tierra. —Yo también ayudo mucho —dijo la Lluvia.
—Mi agua llega hasta lo profundo del suelo. Las raíces de las plantas beben mi agua fresca para no secarse.
El Sol brilló con alegría. —Mantengo a las plantas calientes todos los días. Les doy energía para crecer altas.
La Lluvia goteó sobre una hoja verde. —Yo limpio las hojas y les doy líquido para mantenerse fuertes.
Un pequeño brote verde miró hacia el cielo. —¡Los dos me ayudan a crecer! —dijo el brote.
—Necesito la luz del Sol para preparar mi comida. Necesito el agua de la Lluvia para beber.
El Sol y la Lluvia se miraron el uno al otro. Sonrieron juntos.
—Los dos somos importantes —dijo el Sol—. ¡Hacemos un gran equipo!
—Sí, es verdad —estuvo de acuerdo la Lluvia—. Juntos, ayudamos a que todas las plantas estén felices y sanas.
Las plantas necesitan luz, agua, aire y tierra para vivir. Tanto el Sol como la Lluvia trabajan para mantener nuestro mundo verde.



