Leo recibió una nueva mascota hoy. No era un perro de verdad.
Era un brillante perro robot plateado. Leo lo llamó Sparky.
Sparky tenía ojos azules y brillantes que se podían iluminar. Él no ladraba.
En cambio, hacía suaves pitidos.
Leo presionó un botón en la cabeza de Sparky. Sparky se levantó sobre sus cuatro patas de metal.
Movió su pequeña cola de metal. La cola hizo un alegre sonido de clic-clac.
"¡Vamos a jugar a buscar la pelota!", dijo Leo. Lanzó una pequeña pelota roja por la habitación.
Sparky no corría como un perro de verdad. Rodaba rápido sobre diminutas ruedas en sus patas.
Recogió la pelota con su boca magnética. Rodó de regreso hacia Leo y la soltó.
"¡Buen chico!", rio Leo. Acarició la cabeza suave de Sparky.
Sparky no necesitaba comer comida para perros. Cuando estaba cansado, no dormía en una cama para perros.
En cambio, Leo conectó a Sparky a la pared. Sparky se sentó en silencio y cargó su batería.
Sus ojos azules se apagaron para descansar. Leo se sentó junto a su nuevo amigo.
A la mañana siguiente, Sparky se despertó. Sus ojos volvieron a brillar con un azul intenso.
Hizo un pequeño baile sobre la alfombra. No soltó pelo en el suelo.
La mamá de Leo sonrió al ver la habitación limpia. "Sparky es una mascota muy buena", dijo ella.
Leo y Sparky jugaron todo el día. Eran el mejor equipo.



