La campana de la mañana en la Escuela Primaria Oak Creek solía marcar el inicio de la clase de matemáticas, pero hoy todos susurraban sobre el almuerzo. La cafetería escolar tenía un nuevo integrante en su personal: el Chef-O-Matic 5000, un brillante robot plateado con seis brazos, un gorro blanco de cocinero soldado a su cabeza metálica y ojos digitales que brillaban con un amistoso color azul.
Cuando por fin sonó la campana del almuerzo, Leo corrió al principio de la fila. A través del cristal protector, observó al Chef-O-Matic en acción. Los brazos metálicos del robot zumbaban como una orquesta de batidoras. Un brazo lanzaba masa de pizza por el aire, otro cortaba pimientos rojos con perfecta precisión y un tercero revolvía una olla gigante de salsa marinara que burbujeaba alegremente.
—Bienvenido, estudiante hambriento —dijo el Chef-O-Matic con una educada voz robótica—. Por favor, elija su preferencia culinaria.
—¡Quiero el especial del día, por favor! —respondió Leo, señalando el menú que decía Súper Sándwich de Queso a la Parrilla.
—Orden aceptada —contestó el robot, haciendo sonar sus engranajes con entusiasmo. Tomó dos rebanadas de pan, un trozo grueso de queso cheddar y un poco de mantequilla. De repente, los ojos digitales del Chef-O-Matic destellaron con un brillante color amarillo de advertencia. Un extraño chirrido salió del compartimento de su pecho.
En lugar de poner el sándwich en la plancha, el robot empezó a lanzar las rebanadas de queso como si fueran pequeños discos voladores. Una cayó perfectamente sobre una bandeja cercana, mientras que otra voló directo hacia el hombro del subdirector.
—Falla detectada —anunció el robot con voz monótona mientras giraba sus brazos en suaves círculos—. Iniciando modo de almuerzo creativo.
Antes de que el supervisor de la cafetería pudiera intervenir, el Chef-O-Matic usó sus batidores para revolver huevos rápidamente, mezclar el queso y servir un omelet esponjoso y perfectamente doblado en el plato de Leo, decorado con una carita feliz hecha de kétchup.
Leo probó un bocado. Estaba calientito, lleno de queso y completamente delicioso. —¡La mejor falla de la historia! —declaró, mientras los demás niños aplaudían a su nuevo chef robótico.



