Leo contuvo la respiración mientras colocaba a Bolt en la línea de salida. Bolt no era un simple auto de juguete; era un elegante auto de carreras robot construido a mano, equipado con brillantes sensores LED azules y ligeras ruedas de fibra de carbono. Durante semanas, Leo había pasado sus tardes programando la inteligencia artificial de Bolt, enseñándole a recorrer las curvas y giros de la pista de obstáculos escolar. Hoy era el Derby Tecnológico Juvenil anual, y la competencia era feroz.
Al lado de Bolt estaba "The Crusher", un auto robot enorme y de color rojo construido por un equipo de estudiantes de quinto grado. Parecía el doble de rápido y tres veces más fuerte.
—¡Corredores, a sus marcas! —anunció el juez.
Leo presionó el botón de encendido principal de Bolt. El auto robot emitió un zumbido suave y entusiasta mientras sus sensores escaneaban la pista. —Tal como lo practicamos, amigo —susurró Leo—. Confía en tu código.
—¡Fuera!
Con un zumbido agudo, los autos salieron disparados hacia adelante. The Crusher tomó la delantera rápidamente, haciendo rugir sus pesados neumáticos en la recta. Pero Bolt estaba programado para la agilidad. Cuando los autos se acercaron a la primera curva cerrada, The Crusher derrapó demasiado abierto y chocó contra la barrera de cartón. Los sensores de Bolt calcularon el espacio al instante. Con perfecta precisión, el pequeño auto plateado se deslizó por la abertura y tomó la delantera.
De repente, una pelota de tenis perdida del patio rebotó en la pista directamente en el camino de Bolt. La multitud contuvo el aliento. A Leo se le cayó el alma a los pies. Si Bolt chocaba, quedaría descalificado.
En una fracción de segundo, los sensores de proximidad de Bolt detectaron el obstáculo. En lugar de desviarse a ciegas, Bolt frenó ligeramente, dejó que la pelota de tenis rebotara y pasara de largo, y luego aceleró de inmediato a toda velocidad. Fue una muestra impecable de toma de decisiones autónoma.
La multitud vitoreó cuando Bolt cruzó la meta en primer lugar, con sus luces azules destellando en señal de triunfo. Leo corrió hacia él y levantó en brazos a su campeón, sabiendo que todo su arduo trabajo finalmente había valido la pena.



