Leo miraba fijamente la brillante figura metálica parada en medio de su caótico dormitorio. El robot, llamado Barnaby, era el modelo más reciente del "Home-Helper 3000". Tenía dos ojos azules brillantes, ruedas en lugar de pies y brazos que podían extenderse como acordeones metálicos gigantes. Los padres de Leo habían comprado a Barnaby para ayudar a mantener la casa ordenada, pero Leo era muy escéptico.
"Iniciando secuencia de limpieza de la habitación", zumbó Barnaby, con una voz que sonaba como una flauta sintetizada y amigable.
"Adelante", dijo Leo, apoyándose en su escritorio. "Pero mi habitación tiene un sistema especial. Buena suerte encontrando algo".
Los ojos de Barnaby brillaron de color rojo por un breve segundo, como si estuviera analizando la montaña de ropa sucia, cómics y proyectos de ciencia a medio terminar esparcidos por el suelo. Luego, con una velocidad asombrosa, el robot comenzó a desplazarse a toda prisa por la habitación. Sus manos de metal se movían como relámpagos, recogiendo calcetines sueltos y sacudiendo el polvo de los estantes.
Sin embargo, la programación de Barnaby tenía una definición muy particular de "organización". En lugar de poner las cosas donde debían ir, empezó a clasificar todo estrictamente por color. Apiló cómics verdes encima de zapatillas deportivas verdes, acumuló resaltadores amarillos junto a un plátano a medio comer y metió camisetas azules dentro de las cajas de almacenamiento de plástico azul de Leo.
"¡Oye, espera!", exclamó Leo, mirando con incredulidad mientras Barnaby corría hacia su escritorio. "¡Mi tarea de ciencias está en papel blanco, pero la acabas de poner debajo de mi pelota de fútbol blanca!".
Barnaby se detuvo y sus ruedas giraron en el mismo lugar. "La coordinación de colores maximiza la armonía visual", explicó el robot alegremente.
Leo se echó a reír al darse cuenta de que, aunque Barnaby era increíblemente eficiente, carecía de sentido común. Con calma, Leo le explicó que la tarea debía ir en su mochila y no junto al equipo deportivo. Juntos, el niño y el robot pasaron la siguiente hora recalibrando los ajustes de Barnaby. Al final de la tarde, la habitación estaba impecable y Barnaby había aprendido una nueva función llamada "Limpieza con Sentido Común".



