Leo miró por la ventana. Grandes gotas de lluvia caían del cielo.
Hoy no podía ir al parque. Esto hizo que Leo se sintiera muy triste.
Se sentó en la alfombra con un suspiro. Su pelota roja favorita estaba en la esquina.
—Quería jugar afuera —susurró Leo. Una lágrima corrió por su mejilla.
Su mamá se sentó a su lado. Le dio un abrazo grande y cálido.
—Está bien sentirse triste —dijo su mamá—. A veces las cosas no salen como queremos.
Leo abrazó a su mamá. Su suave pelaje lo hizo sentir un poco mejor.
—¿Qué podemos hacer adentro? —preguntó Leo. Su mamá sonrió y se levantó.
Buscó hojas de colores brillantes y crayones. Se sentaron juntos a la mesa.
Leo dibujó un sol grande y amarillo. Su mamá dibujó una rana verde y feliz.
Pronto, Leo empezó a sonreír. La tristeza comenzó a desaparecer.
La lluvia seguía cayendo afuera. Pero adentro, Leo se sentía cálido y feliz.



