¿Alguna vez has sentido un calor extraño en el estómago cuando te enojas? Tal vez sientas la cara caliente y cierres las manos con fuerza en forma de puños. Cuando nos enojamos, podemos sentir como si un volcán estuviera a punto de hacer erupción dentro de nosotros. Esta es una emoción humana muy normal. Al igual que un volcán, nuestros cuerpos acumulan presión cuando nos sentimos frustrados o lastimados. Afortunadamente, tenemos una herramienta poderosa para enfriar el magma antes de que explote: nuestra respiración.
Para comenzar a calmar tu volcán interior, primero haz una pausa y reconoce ese calor. Imagina una montaña alta y poderosa dentro de ti. En lo profundo de la tierra, hay roca líquida muy caliente burbujeando. En lugar de dejar que explote, vas a usar aire fresco para calmar el calor. Cierra los ojos si te sientes cómodo o mira hacia el suelo. Coloca una mano sobre tu estómago y la otra sobre tu pecho.
Ahora, inhala de forma lenta y profunda por la nariz. Al inhalar, imagina que llevas aire fresco y puro de la montaña hasta la base de tu volcán. Observa cómo tu pancita se infla como un globo. Mantén ese aire fresco adentro mientras cuentas hasta tres, dejando que envuelva el magma burbujeante para enfriarlo.
Luego, suelta el aire despacio por la boca, haciendo un suave sonido como el de una brisa tranquila. Al exhalar, imagina que la ceniza gris oscura y el vapor se alejan flotando en el cielo, dejando el aire limpio. Repite esta respiración profunda tres o cuatro veces. Con cada exhalación, siente cómo las laderas de la montaña vuelven a ser sólidas, frescas y fuertes.
Una vez que tu respiración se vuelva más lenta, imagina cómo se transforma tu volcán. La lava caliente se ha convertido en tierra oscura y fértil. Pasto verde brillante, flores silvestres de colores y árboles altos comienzan a crecer en las laderas tranquilas. Al usar tu respiración, has convertido una erupción ardiente en un santuario hermoso y lleno de paz. La próxima vez que sientas el rugido del enojo, recuerda que tienes el poder de calmar tu volcán.



