Snowy era un muñeco de nieve muy feliz. Tenía una zanahoria brillante como nariz.
Él estaba de pie en el patio frío de la escuela. Los niños jugaban con él todos los días.
Snowy quería entrar a la escuela. Quería ver los libros grandes.
Quería sentarse en un pupitre pequeño. Pero no quería derretirse.
Esperó el momento adecuado. La luna todavía estaba en el cielo.
Era muy temprano por la mañana. El sol aún no había salido.
La puerta de la escuela quedó abierta. Snowy entró dando saltitos por el largo pasillo.
Sus pies dejaron pequeñas huellas mojadas. Vio un salón con muchas sillas.
Vio una pizarra con muchos colores. Snowy se sentó en la primera fila.
A Snowy le encantó el olor del salón. Olía a papel y a pegamento.
Miró las letras en la pared. Dijo las letras en su mente.
Pronto el sol comenzó a salir. El cielo se volvió rosa y anaranjado.
Los niños comenzaron a entrar. Vieron a Snowy en su asiento.
No gritaron ni corrieron. Estaban muy contentos de verlo.
La maestra le sonrió al amigo de nieve. Le dio un gorro azul para que se lo pusiera.
Encendieron un ventilador frío para él. Los niños le mostraron un cuento divertido.
Leyeron sobre el frío Polo Norte. Snowy aprendió a dibujar una estrella.
Aprendió a contar hasta diez. Era un muñeco de nieve muy inteligente.
Le gustaba escuchar a los niños reír. Le gustaba mirar los dibujos brillantes.
El salón se estaba poniendo un poco tibio. El sol estaba alto en el cielo.
Snowy supo que debía volver afuera. Snowy movió sus brazos de ramas para despedirse.
Les dio las gracias a todos sus nuevos amigos. Regresó dando saltitos al patio frío.
Se quedó en su lugar de siempre. Se sintió muy contento y orgulloso.
Era el primer muñeco de nieve en ir a la escuela. Siempre recordaría su gran día.



