Santa Claus se paseaba de un lado a otro por su acogedora oficina. El Polo Norte estaba lleno del ruido de sierras y martillos, pero dentro de la oficina todo estaba en silencio, salvo por los suspiros de preocupación de Santa. Su Gran Mapa de Entregas, el que mostraba la ruta más rápida a cada casa del mundo, había desaparecido. Había buscado debajo de su escritorio, detrás de la máquina de chocolate caliente e incluso dentro de sus grandes botas negras, pero no aparecía por ningún lado.
Justo cuando estaba a punto de revisar debajo de su enorme sillón de terciopelo por décima vez, vio un sobre pequeño y brillante justo en el centro de su escritorio. Adentro había una nota escrita con letra prolija y colorida. Decía: "Querido Santa, ¡encontramos tu mapa! Queríamos asegurarnos de que recuerdes cuánta alegría brindas, así que convertimos la búsqueda en un juego. Para recuperarlo, debes seguir el camino de la bondad. Pista número uno: busca donde descansan los renos después de un largo día de práctica de vuelo".
Santa se rió entre dientes y su barriga se sacudió. "¡Una búsqueda del tesoro!", exclamó. Se apresuró por el camino nevado hacia los establos. Allí, dentro del balde de comida de Dasher, había otro sobre. Este no contenía solo una pista; tenía el dibujo de un grupo de niños que habían pasado su fin de semana limpiando un parque local. Debajo del dibujo decía: "Para encontrar la siguiente pieza del rompecabezas, ve al lugar donde se construyen las torres de juguetes más altas".
Santa corrió hacia el Gran Taller. Los duendes estaban ocupados pintando trenes de madera y cosiendo ositos de peluche. Sobre el banco de trabajo más alto descansaba un tercer sobre. Este contaba la historia de un niño que había compartido su libro favorito con un vecino solitario. Santa sintió una cálida emoción en el corazón mientras leía la instrucción final: "Ve al mismísimo centro de la aldea del Polo Norte, justo debajo del Gran Árbol Siempreverde".
Esperando bajo las ramas resplandecientes y cubiertas de nieve había una pequeña caja de madera. Adentro yacía su Gran Mapa de Entregas, perfectamente conservado. Una última nota descansaba encima: "Sabíamos que lo encontrarías, Santa. Solo queríamos mostrarte que la bondad es el mejor mapa de todos". Santa sonrió, guardó el mapa en su abrigo y regresó al trabajo, sintiéndose más listo que nunca para la Navidad.



