Sam y su perro Pip fueron a la playa. El sol brillaba mucho en el cielo azul.
La arena se sentía tibia en los pies descalzos de Sam. Pip corrió rápido hacia la orilla del agua azul.
El perro empezó a cavar un hoyo profundo en la arena. Encontró un pedazo de papel viejo y café.
—¿Qué es eso, Pip? —preguntó Sam con una sonrisa. Tomó el papel y lo miró con atención.
Era un verdadero mapa pirata con líneas desordenadas. Había una gran X roja cerca de una palmera alta.
—¡Tenemos que encontrar el tesoro! —le dijo Sam a Pip. Pip ladró y movió su cola corta.
Pasaron junto a una roca grande y gris. Vieron a un pequeño cangrejo meterse en un hoyo.
Sam volvió a mirar el mapa. Señaló con el dedo hacia la palmera alta.
—La X está justo aquí, debajo de este árbol —dijo. Sam usó su pequeña pala azul para cavar.
Cavó y cavó por mucho tiempo. Pronto, escuchó un fuerte ruido en la arena.
La pala golpeó una caja hecha de madera oscura. Sam sacó la pesada caja del hoyo.
La caja estaba cerrada con un candado de oro oxidado. Sam encontró una pequeña llave cerca, sobre la arena.
Giró la llave y la tapa se abrió de golpe. Dentro de la caja había muchas monedas de oro brillantes.
Había un anillo de plata y una gran gema verde. Pip olfateó el tesoro y ladró feliz.
—¡Ahora somos piratas ricos! —gritó Sam. Se guardó las monedas de oro en sus bolsillos profundos.
El sol empezó a ocultarse en el cielo. Era hora de que Sam y Pip regresaran a casa.
Caminaron de regreso con su gran descubrimiento. Fue el mejor día que habían tenido en la playa.



